María Jesús Masihy: a propósito de Guía para atravesar pensamientos punzantes
- Paz López
- 27 oct 2024
- 8 Min. de lectura
MUSEO DE ARTE MODERNO DE CHILOÉ
LA MUESTRA FUE EXHIBIDA
DE MAYO A AGOSTO DE 2024
Hay pensamientos punzantes que hieren, que “caminan por el cuerpo, hacia adelante y hacia atrás, como gusanos o enfermedades”, pensamientos que tienen el tamaño de todo el cuerpo, insistentes como el oleaje del mar, pesados como una roca, tan intrusivos que no dejan espacio para que otro pensamiento venga a ocupar su lugar.
Pero también hay pensamientos que, inoculados por un evento azaroso y pasajero, como la quebradura de un vaso, quedan punzando al modo de una pregunta, un deseo, una inquietud, una apertura que puede devenir en acción. Así está hecho el trabajo de María Jesús Masihy, un trabajo que consiste en atesorar los rastros de acontecimientos minúsculos pero decisivos, perseguirlos con la mirada y con las manos, poner en una relación inventiva situaciones, gestos, cosas y acontecimientos recolectados en las orillas de sus obsesiones, trasformar esas inquietudes en imágenes y objetos.
Vidrio, arena y maicillo son las materias primas que utiliza Masihy para la elaboración de sus piezas, recolectadas por la artista en dos territorios distintos del país. Como si los materiales tuvieran su propia forma de pensar, el juego recíproco entre ellos despierta una sutil reflexión sobre lo que podemos hacer con nuestros pensamientos cuando ellos nos asedian. El vidrio puede ser frágil y resistente; suave y cortante; pulido y desigual, transparente y opaco; amorfo y proporcionado. Elaborado puede convertirse en ventana, lente, vaso o botella. Roto puede volverse arma o desperdicio. A orillas del mar, sus fragmentos se vuelven hermosas piezas esmeriladas. Expuesto al sol, puede dilatarse y quebrarse. Como el vidrio, cuyas funciones pueden ser ambiguas y contradictorias, hay pensamientos que hieren y otros que sirven de alimento para la imaginación. Las dos cosas están presentes en esta exposición de Masihy.
Si no hay pensamiento sin herida y sin imaginación, la guía que nos ofrece la artista nos conduce a una puerta que se abre hacia territorios desconocidos, porque cuando los pensamientos nos asedian, comienzan también las preguntas, eso que nos enfrenta a lo desconocido: es de ahí donde vienen las cosas más importantes, de donde venimos nosotros mismos y también a donde iremos.
¿Cómo es tu proceso de trabajo? Tu exposición está hecha de materiales recolectados –vidrios, arena de lago, maicillo–. ¿Recolectas y luego piensas en una obra, o recolectas materiales pensados específicamente para una obra que ya tienes en mente?
Creo que más que pensar en una obra, mi deseo de recolectar es primeramente ciego, un avistamiento o un vislumbre que trato después de llevar conmigo. Es una acción que creo que comparto con todas las personas: la experiencia de interés puro en algo. Es como ver de reojo a alguien en una fiesta, alguien que te llama la atención y al que intentas acercarte con movimientos torpes; saber que también te mira e ir poniendo energía en eso hasta que cada parte pone algo en movimiento para que el encuentro suceda. Al ya tener ese objeto tampoco pienso en obra sino en guardar esa sensación para mi, es un proceso bien hermético si me detengo a juzgarlo, pero lo más entretenido de todo es que creo que el deseo viene antes del juicio, antes de darle a algo una función, incluso antes del pensamiento. Recolecté vidrios limados, vasos rotos, arena y maicillo durante todo el tiempo que estuve divagando sobre las ideas de lo punzante y lo limado, hasta que se juntaron los dos conceptos en un mismo espacio y recién ahí comienzo una investigación que puede terminar en una obra, como ahora. Me gusta pensar las obras como piezas en estado puerperio hablándose las unas a las otras, en su ley y su lenguaje, sin necesitarme completamente a mí.
Tus operaciones materiales son muy sutiles. A veces el espectador puede no ver todo el proceso de prueba y error que hay detrás de cada pieza. ¿Cómo es tu trabajo en el taller?
Mi trabajo en el taller parte primero como divagación y encalla primeramente en la escritura, escritura como sea, puede ser en un papel que tenga cerca, en una servilleta o en la libreta que tenga en ese momento. El taller primero está en mi cabeza, antes que el taller de objetos que está en mi casa, al lado de la cocina. Ese lugar es chiquitito y lo aprovecho al máximo. Me apoyo en murales donde anoto ideas que aparecen como peritajes perdidos, están los objetos que encuentro y una cantidad de materiales que hacen que el lugar se parezca a un bazar antiguo con una acumulación de cosas que no siempre ocupo, pero que están guardadas en caso de que algún día puedan ser útiles. Muchas veces comienzo a poner en relación esos materiales con las ideas vagas que tengo, y eso me permite no imponer mis ideas sino dejar que las cosas se encuentren. Por eso todo puede ir cambiando en el camino. Por ejemplo, en Guía para atravesar pensamientos punzantes, realicé muchos moldes, maquetas de moldes que se transformaban después en otro molde hasta recién poder generar la base de una pieza. En cada parte de ese proceso algo se iba perdiendo, entonces la noción de pérdida empezó a formar parte de la obra. A veces se agregan o restan milímetros al molde y eso hace que las partes después no calcen. Eso que mal-calculé, eso que se pierde es también parte de la obra.
Cada proceso tiene su tiempo y los propios materiales reaccionan distinto a las diversas condiciones a las que son sometidos. Me encontré entonces con esas alquimias que a veces pueden ser productivas o completamente fatales. A veces siento que pierdo mucho el tiempo, pero después pienso que se trata de un tiempo hundido, un tiempo casi invisible que quizás solo yo puedo ver porque estuve metida en el proceso. El yeso puede no fraguar si es que la medida no es la correcta, la resina no se endurece en el frío, las letras se imprimen en otro color que el deseado, eso por nombrar algunas situaciones. También pasaba lo contrario, a veces en el error había algo que me gustaba y entonces decidía seguir haciendo de ese error una nueva forma. En esa desviación del camino he encontrado cosas más interesantes que las que había pensado en un principio y esa es la experiencia que ofrecen los materiales. Esta vez elegí trabajar con objetos corto punzantes, tóxicos y pesados, y fueron sus comportamientos los que me dieron un trabajo de taller distendido, hecho de enamoramiento. Enamoramiento como yo lo conozco; raro, vulnerable y hermoso.
Guía para atravesar pensamientos punzantes. Así se llama tu exposición que está actualmente en el MAM de Chiloé. ¿Por qué pensamientos punzantes? Hay algo de obsesión o de obsesivo en ese nombre. ¿Tiene que ver con tu propia manera de pensar la realización de tu obra? ¿Hay algo en el arte que tiene que ver con lo punzante?
No se si es obsesivo para mí, creo que cuando pude nombrar la idea de que hay pensamientos capaces de punzar pude dejar que ese pensamiento entrara al proceso de limado, como en el texto que está atrapado en resina dentro de la exposición, que dice “El día en el que los pensamientos fueron capaces de punzar, se rompieron todas las cosas a mi alrededor”. Puede sonar catastrófico, pero para mí marca un momento de libertad. Qué alivio convocar el poder de nombrar algo y al mismo tiempo dejarlo vivo en su propia naturaleza. Puede ser que tenga que ver con la forma de pensar mi obra ya que lo que me interesa es observar la naturaleza de las cosas: el fenómeno de los vidrios que se liman en la arena, la manera en la que la ciudad nos afecta y nosotros la afectamos a ella, la posibilidad de lo imposible de crear una máquina del tiempo, nuestros cuerpos en “constante erosión”. Esas preguntas me fascinan al punto de obsesionarme, ahí sí, e intentar responderlas desde la fragilidad que nos ofrece el arte. Cuando observo la naturaleza de las cosas no puedo sino sentir que somos nada, que el tiempo histórico nos supera y que sin embargo, pese a esa desmesura, estamos vivos, seguimos estando vivos..
No se si hay algo de punzante en el arte, creo que hay algo punzante en la vida y el arte puede ser una manera de vérnosla con eso punzante que tiene la vida. Entonces bueno, sí, hay veces que la experiencia del arte llega punzante.
En tus videos hay varias entrevistas a científicos. ¿Qué piensas de la relación entre arte y ciencia? Es muy bonito, porque varias de tus inquietudes también son inquietudes para la ciencia, es decir, en tus videos aparece la experiencia de que la ciencia, a pesar de ser un saber total, está hecha de pura incertidumbre.
Para mi, arte y ciencia funcionan bajo la misma premisa: las preguntas. Solo que las formas de elaborar las respuestas son distintas. La ciencia tiene métodos establecidos que parecieran conducir a respuestas con cierto grado de certeza. Eso me parece acogedor. Reconozco la apertura que tienen las personas que dedican su vida a la ciencia y lo vi en esta investigación interdisciplinar, donde los científicos con los que hablé escucharon, respondieron, compartieron sus métodos e instrumentos desde una posición horizontal y generosa. Creo que ese es el lugar que compartimos: somos personas que están investigando temas en común, investigaciones e inquietudes afines. En un mundo que a veces privilegia las verdades absolutas, me interesa hacerle preguntas a la ciencia desde el arte, no para estabilizar las respuestas, sino porque la ciencia me ofrece nubes de realidad que podrán transformarse en lluvia mañana. Todos los sistemas que hemos formado son respuestas vagas a la experiencia de la vida, porque nadie sabe realmente de qué se trata este mundo en el que despertamos. Estamos aquí y hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Eso también lo puede enseñar la ciencia. Y espero que el arte no renuncie a ese saber hecho de incertidumbre.
Hay una pieza que se llama Máquina del tiempo. La máquina replicaría el mismo trabajo de pulido que hace el mar o el agua con el vidrio. Ese tiempo de la naturaleza actuando sobre las cosas es un tiempo geológico que muchas veces es imperceptible para la sensibilidad humana. ¿Qué te hizo trabajar en la construcción de ese dispositivo?
El tiempo es algo que no podemos controlar, podemos percibirlo de manera distinta, como cuando nos congelamos ante una situación inesperada o cuando nos divertimos tanto que se nos pasa la hora volando. No podemos alterar el curso y flujo natural de nuestro existir, pero sí podemos hacerle trampas al tiempo.. Adelantar un reloj sería absurdo (y lo hacemos), adelantar todos los relojes del mundo sería una farsa, transportarse en el tiempo podría funcionar por un momento si es que caemos en la bondad de invocar el acto de recordar, pero no podemos malearlo a nuestra voluntad. La máquina del tiempo intenta replicar la meteorización de los vidrios, pero es precisamente ese tiempo largo e imperceptible de la naturaleza sobre las cosas lo que la máquina no puede nunca replicar.
Hay textos en tu obra. ¿Por qué te resulta interesante trabajar con palabras, frases, textos?
Creo que las primeras imágenes que tengo sobre una cosa son palabras, no frases pulidas si no más bien palabras sueltas que se hilvanan débiles unas con otras, y desde ahí voy armando cuestiones que me interesan. Cuando conversamos con otras personas recurrimos a la vez a las palabras de otros, sean canciones, textos o dichos, y desde esas referencias vamos construyendo lo que queremos explicar. Pienso que las palabras de nuestro universo conforman nuestro imaginario y al mismo tiempo tratamos de desembalar nuestro bagaje en diálogos que a veces no alcanzan a explicarse completamente pero aun así, nos permiten encontrarnos en lugares en común con otros. En ese sentido, los textos de la exposición acompañan las piezas que no tienen texto mostrando un inicio, son el punto de partida de un sistema de asuntos que decantaron en piezas materiales. Cada palabra atrapada en resina, aunque parezca aislada, resume cómo pensé otra pieza que conforma la exposición. Son conectores para poder contar un poco más sobre las decisiones que componen la obra y al mismo tiempo son independientes. Frases cortas, que puedan ser vistas de un ojazo, como una imagen.

Máquina del tiempo





